Ven bailar, temblar, morir y nada mas (falsa alegría de brillar). Vestidos de muerte y con decoraciones sensuales a los sentidos, vuelan lejos, y ya no (o nunca como antes) regresaran. Se desploman sobre el día que acaba de nacer, y sus pensamientos encerrados no detienen su malestar.
Envasados en consuelos que hacen espuma, retornan a la tierra como diamantes, auténticos diamantes, de origen sangriento e insondable. Pulen su piel y se cuelgan de las cadenas, para volver a sorprender.
Francisco Fariña
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