Ahí están, con sus escafandras espaciales, tratando de que los huesos no se le congelen.
Se volvieron subversivos de sus cuerpos en forma de pez anclado en la arena blanca del Brasil. Plantan semillas de hormigón, que hasta tocar lunas y submarinos agarran los vientos, solo velas, solo velas, son solo viento en las velas.
Velorio de dignidad fanfarria para el agotamiento poético, que entre palabras muertas, muere, y este no se vela, se siente. Vuelve, renace y dice “no hay estructura, ahora somos gelatina en terremotos que cambian el eje de la tierra”. ¡Ahora si! El mundo es como queremos blando y abrazable. Llenando sus esquinas de cerveza derramada entre brazos amigos somos el todo.
Paredes con mil leyendas, artistas que pintan carteles y desdibujan la malsana publicidad.
Ahora que somos ex-psicoanalizables, no tenemos cintas en los cabellos.
En mundos eléctricos, los impulsos que rebotan nos hacen sentir ¡Vivos al fin!
Francisco Fariña
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