No voy a faltar a la verdad, diciendo que entro en las tormentas que me hacen odiar. Pero lo cierto es que desde lejos las puedo observar, y no hay sol impuesto que las pueda encandilar.
Digo “cielo” como una plegaria, luciendo que ya sé que jamás habrá una respuesta.
Veo las distancias pero no me detengo en las formas, me disfrazo y cuento mil historias. Quizás así ilumine un poco más tu reflexión.
Van quedando rastros a la izquierda de mis manos, llenando esos rincones vacios, liberando todo lo que en las noches me mantiene despierto.
Pasan las horas y muchos mueren, otros siguen haciendo brillar mis ojos, pero todos en algún lugar tienen mi recuerdo, y no hay sol impuesto que los pueda encandilar.
Francisco Fariña
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