martes, 13 de abril de 2010

El diablo detras de la barra.

Ver desde el camino un bar es algo normal, como me considero alguien normal entro a mirar. No me sorprende lo que adentro hay, tal vez eso sea lo único anormal del relato.

Hay en una mesa que carga ya varios lamentos, un viejo de cuarenta años demasiado vividos, se le escapo la juventud entre las botellas verdes que malamente desahogan sus penas. El néctar bordo es ya, su única compañía, fue ese dulce veneno, que por celos, lo alejo del verdadero amor. Pienso para mi “no quiero terminar así”.

Al este del bar hay una mujer, que según cuentan perdió el norte y va todas las noches a buscarlo entre las mesas. Nunca hay respuestas, cada naufrago se aferra a su tabla como en aquella canción. Pienso para mi “no quiero terminar así”.

Detrás de la barra del bar esta el, al que dado lo que veo, lo llamare diablo, no es mas que otro miserable que se alimenta de las penas ajenas, tal vez así sienta su cruz menos pesada. Y digo para mi “definitivamente no quiero ser como el”.

Francisco Fariña

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